Queremos vidas extraordinarias, pero trabajamos en escritorios que parecen trincheras después de una batalla. Aspiramos a la claridad, rodeados de cables enredados como pensamientos sin terminar. Y luego nos preguntamos por qué cuesta tanto concentrarse. El entorno no es un simple decorado. Es un actor secundario que, sin pedir aplauso, condiciona cada una de nuestras decisiones. Un espacio de trabajo no es solo un mueble con cuatro patas; es un ecosistema. Y como todo ecosistema, puede favorecer el crecimiento… o la decadencia. Organizar tu área de trabajo no es un capricho estético. Es una declaración estratégica. Es decirle a tu mente que vienes a construir. El entorno, arquitecto invisible de tu conducta La psicología ambiental lo ha demostrado con una gran contundencia. El espacio influye en el comportamiento más de lo que nos gusta admitir. Creemos que decidimos con libertad, pero muchas veces reaccionamos a estímulos invisibles. Un escritorio desordenado es como una pestaña...